Discurso de Stefan Zweig en el PEN de Nueva York durante la guerra


Discursos y Cartas


Discurso pronunciado por Stefan Zweig en la Internacional P.E.N. europea en EE.UU, en Nueva York, 1941. Zweig lleyó su discurso ante más de 1000 espectadores

“Entre los escritores europeos a los que esta hora reúne para ratificar nuestro antiguo reconocimiento de unidad intelectual, tenemos los que escribimos en lengua alemana, un trágico y doloroso derecho: nosotros fuimos los primeros que pusimos a prueba esa brutalidad que hoy atemoriza al mundo. Nuestros libros fueron los primeros que se lanzaron a las hogueras. Con nosotros se dio comienzo a la expulsión de miles y miles de personas de sus casas y hogares. En un primer momento, nos resultó un examen muy duro.
Sin embargo, hoy ya no nos quejamos de esta exclusión: ¿Cómo podríamos sostenernos a nosotros mismos (…) si la Alemania de hoy nos hubiera respetado o incluso honrado ? Nuestra conciencia se siente así más libre, claramente distanciada de aquellos que han extendido el mayor mal de la historia sobre el mundo.

No obstante, por muy liberados que nos sintamos de cualquier responsabilidad con las atrocidades que hoy se producen en nombre de la cultura alemana, la sombra de estos hechos nos pesa de forma misteriosa en el alma. Y es que vosotros, amigos de otros países europeos, lo tenéis más fácil: ante estas terribles acciones que humillan la dignidad humana, podéis por lo menos decir con orgullo que “No somos nosotros. Es una mentalidad, y una ideología ajena a nosotros”.

Como escritores de lengua alemana, en cambio, nosotros sentimos una secreta y terrible vergüenza ante estas violaciones, ya que los decretos de éstas se redactaron en lengua alemana, la misma en la que nosotros escribimos y pensamos. Estas brutalidades se producen en nombre de la misma cultura alemana a la que intentamos servir con nuestras obras. No podemos negar que es nuestra patria la que ha extendido estos horrores por el mundo. Y aunque desde hace mucho ya no seamos considerados por los alemanes como tales, yo me siento como si aquí y ahora a cada uno de mis amigos franceses, ingleses, belgas, noruegos, polacos u holandeses, debiera rogarles que me disculparan por todo lo que hoy en día se le inflige a su pueblo en nombre de la metalidad alemana.
A lo mejor les maravillará que a pesar de todo, continuemos creando y escribiendo en esta lengua alemana. Pero un escritor sí puede realmente abandonar su país aunque no pueda jamás desligarse de la lengua en la que piensa y crea desde su interior. En esta lengua hemos luchado toda nuestra vida contra la idolatración del nacionalismo y ella, es la única arma que nos queda para continuar luchando contra la antiesencia criminal que destruye nuestro mundo y pisotea la dignidad humana.”




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